Nacido el 8 de marzo de 1867.Gentilhombre y genio de las letras, Gregorio de Laferrere es uno de esos hombres símbolo que definen una época. Sus obras, sus personajes y su mirada sobre lo porteño siguen tan vivos como el día en que los escribió.
Hay hombres símbolo, y éste es uno de ellos. Sus obras mantienen la vigencia de los cien años que pasaron por nuestras tablas para definirnos: un cambio de vestuario, de escenario, y allí estamos.Desde el cinismo de un puro y sus volutas, detrás del humo, él.
Sus obras jamás envejecidas: ¡Jettatore!, Locos de verano, Bajo la garra, Las de Barranco, Los invisibles, son algunas de sus piezas teatrales de total vigencia.
El hombre detrás del personaje
Diputado nacional, nada le era indiferente, y el arte era su ABC. Fundó el Conservatorio Lavardén en Constitución —la primera escuela de teatro en el país— en 1911, y también fue precursor y fundador de la ciudad de Gregorio de Laferrere, en La Matanza, junto a Pedro Luro y Honorio Luque. Gregorio de Laferrere era un hacendado, aristócrata, hecho a las costumbres europeas y los lujos que conlleva. Pero tiene un perfil que lo distinguirá por siempre: la escritura y descripción de personajes de carne y hueso, el porteño en sus mil facetas, las familias mixturadas, inmigrantes o gringos como se los llamaba.Ya había viajado a Francia y vivido sus arrabales y teatrinos más humildes, y lo retenía con avaricia para confrontarlo con su país agrícola-ganadero.

Mal presagio traía Jettatore, pero le fue indiferente. Lo puso en escena y ocurrió lo imprevisible: en el palco de honor, el presidente de la Nación Julio Argentino Roca, seguido por el jet set de la época. Y el éxito lo acompañó.
Un hombre y una representación social que no mentía. Éxito tras éxito. La política lo desbordaba tanto como el teatro, y seguía su vida de abridor de puertas a la cultura.Traducía en risas los dramas cotidianos con exactitud de bisturí: aquellos que habían perdido el rumbo tras modelos a imitar. Sus personajes estaban hechos a escala. Su humor los coloreaba en risas, transformando los dramas en comedias. Genio y figura.
Exestudiante del Colegio Nacional de Buenos Aires, vigía del alma porteña, vivió sus múltiples vidas y a los 46 años, un 30 de noviembre de 1913, se fue de viaje. Hasta cada momento, Gregorio de Laferrere.














