sábado, octubre 24 2026

Poner nuestro saber-hacer al servicio de la comunidad

Antropóloga, profesora y astróloga, Ana Kerman combina la docencia con su trabajo en astrología. Da clases de inglés y Ciencias Sociales, ofrece consultas y desarrolla Portal ANK, un espacio de clases y seminarios donde la astrología dialoga con la antropología cultural, la mitología y otros saberes.

“En una época atravesada por la sobreinformación, las pantallas y el debilitamiento de los espacios de encuentro, recuperar la conversación, la atención y el intercambio con otros es un gran desafío”. Desde su recorrido por la antropología, la educación, la investigación y la astrología, Ana Kerman propone volver a poner el conocimiento en circulación y al servicio de la vida en común.

¿Qué hacemos con todo lo que aprendimos?

La pregunta puede adquirir distintos sentidos a lo largo de una vida profesional: enseñar, investigar, acompañar, crear contenidos o compartir con otros aquello que fuimos incorporando en el camino. También puede llevarnos a pensar qué lugar queremos ocupar en nuestro entorno y qué podemos aportar desde lo que sabemos hacer.

Para Ana Kerman, esa inquietud atraviesa buena parte de su recorrido. Licenciada en Ciencias Antropológicas y Profesora en Ciencias Sociales, formada en la Universidad de Buenos Aires, desarrolló gran parte de su trayectoria académica en el campo de los sistemas simbólicos y religiosos, participando en proyectos de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica (ANPCyT) y en programas educativos del Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES).

Durante los años 2000 trabajó con jóvenes en situación de vulnerabilidad, coordinando talleres de inserción laboral. Al mismo tiempo, comenzó a explorar el universo del e-learning y la producción de contenidos educativos multiplataforma. Desde 2004 se desempeña como profesora particular de inglés y realiza traducciones para distintas instituciones y universidades.

Su interés por los sistemas simbólicos la llevó también a profundizar en el estudio de la mitología, las religiones y, especialmente, la astrología. Con el tiempo, estos intereses se fueron incorporando a su práctica profesional.

“En los espacios de consulta astrológica y de docencia se produce un intercambio muy fructífero. En los procesos de aprendizaje siempre hay algo que circula en las dos direcciones: quien enseña también aprende, y quien aprende puede aportar algo que transforma la mirada del otro”.

A partir de este recorrido comenzó a desarrollar Portal ANK, un portal de astrología en el que, además de ofrecer consultas, se va creando una comunidad en torno a sus clases y seminarios.

Allí, la astrología se cruza con la antropología cultural, la mitología y otros sistemas de pensamiento, a partir del interés por ampliar la mirada y abrir nuevas preguntas.

Más allá de los temas específicos, hay una línea que atraviesa sus distintas experiencias profesionales: el interés por estudiar, enseñar y compartir lo aprendido.

“Creo profundamente en la docencia y en el valor de transmitir herramientas que puedan ayudarnos a comprender mejor el mundo y a nosotros mismos”.

Para Ana, los procesos de docencia y aprendizaje son también espacios de intercambio. En ellos se ponen en juego la atención, la conversación, el encuentro y la posibilidad de construir vínculos.

“En un contexto de sobreinformación, deterioro de la atención y desregulación emocional, necesitamos herramientas para comunicarnos mejor, conocernos y comprendernos. También necesitamos presencia, conversación y vínculos reales”.

Desde esta perspectiva, construir comunidad no requiere necesariamente grandes estructuras. Puede comenzar en espacios próximos: el barrio, la conversación entre vecinos, un grupo de estudio, una actividad compartida. Se trata de recuperar ámbitos donde sea posible encontrarse con otros, intercambiar experiencias y contar con referentes cercanos.

“Nutrir redes vecinales y recuperar los espacios de encuentro son formas concretas de construir comunidad. No se trata solamente de transmitir conocimientos, sino de compartir experiencias, acompañarnos y aprender unos de otros”, señala.

“Mi bisabuela era la mujer a la que las personas de su barrio acudían cuando necesitaban un buen oído y un buen consejo. Contar con referentes responsables y sensibles es clave”.

La referencia a su bisabuela introduce una dimensión más personal de esa idea: la existencia de personas cercanas a las que se puede recurrir, no necesariamente por su posición formal, sino por su experiencia, sensibilidad y capacidad de escuchar. En un contexto en el que buena parte de nuestras interacciones están mediadas por dispositivos y algoritmos, esa presencia adquiere un valor particular.

Ana también señala un desafío que atraviesa nuestra relación cotidiana con la tecnología: preservar la capacidad de prestar atención, formular preguntas y pensar críticamente en un contexto en el que cada vez más tareas pueden ser delegadas a la inteligencia artificial.

“Uno de los grandes desafíos actuales es cultivar la atención, el entusiasmo, el amor por el saber y el ejercicio del pensamiento crítico. Estamos delegando demasiado a la IA y se nos va la vida en las pantallas. Leer un libro, mantener conversaciones respetuosas, nutrir los espacios de reflexión colectiva y poner ese saber-hacer al servicio de la comunidad, es lo que me convoca. En este sentido, aportar presencia, herramientas para comunicarnos y para conocernos mejor es también un acto de amor”.

Después de años de investigación, docencia y labor en ámbitos de lo más diversos, la pregunta inicial vuelve entonces con otro sentido. No se trata solamente de qué hacemos con aquello que sabemos, sino de cómo podemos compartirlo y ponerlo en relación con otros.

“Creo en una humanidad humana. Y esa mirada se construye también en pequeña escala: en nuestros barrios, en nuestras pequeñas interacciones y a través de los espacios que somos capaces de habitar y nutrir con otros. Por eso, después de tantos años de estudio, investigación, docencia y trabajo, siento que hoy mi foco está en poner mi saber-hacer al servicio de la comunidad”.

Un espacio, pensado para vos!

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¿De dónde viene tu relación con el inglés?

Mis padres me enviaron a la Cultural Inglesa, donde completé toda mi formación. Mi papá, que había vivido en Detroit en los años 60 y trabajado en Chrysler en el diseño del Dodge Polara, me llevó a conocer el oeste de Estados Unidos cuando cumplí 15. Aquel viaje fue un reencuentro muy especial con mi papá. Eran tiempos familiares muy difíciles.

A mis 22 años, me casé con un inglés que se enamoró de la Argentina y durante diez años tuvimos en Palermo una empresa de clases de inglés y traducciones. Hoy sigo dando clases y haciendo traducciones: el idioma es parte de mi historia personal y laboral.

Para más información ingresá Portal.Ank

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