La historia de una serpiente suelta circuló en redes sin verificación. Medios grandes amplificaron la noticia. Resultó ser una estrategia para captar clientes. Un análisis de cómo funcionan estos virales y qué detalles no cerraban desde el principio
Una familia reportaba una boa de más de tres metros desaparecida en Colegiales el jueves por la tarde. El animal medía tres metros, tenía colores cálidos y «respondía a su nombre». Pedían ayuda para encontrarlo. La historia se viralizó rápido.
En redes, el relato ganaba tracción: una mascota perdida, un animal dócil, una familia desesperada. Todo parecía encajar.
Mirando atrás, hay detalles que merecían más atención:
- Falta de datos de contacto: La historia circulaba pidiendo ayuda, pero nunca aparecía cómo comunicarse con la familia. Ni teléfono, ni Instagram, ni forma concreta de reportar avistamientos.
- Reptiles no responden a nombres: Las boas, como la mayoría de los reptiles, no tienen capacidad de reconocer nombres ni responder a llamados. Es un comportamiento de mamíferos domesticados, no de serpientes.
- La lógica de la castración: Decían que estaba castrada «para que no tuviera crías en las alcantarillas».
- Falta de protocolos reales: No indicaban qué hacer si alguien la encontraba. Cómo contenerla, qué números llamar. Solo pedían que «ayudaran».

La verdad detrás del viral
Resultó que la historia era falsa. Un paseador de perros, viendo el potencial de la alarma, creó un flyer: «¿Tenés miedo de la boa suelta en Colegiales? No te preocupes, yo paseo tus perros». El miedo vende. La incertidumbre genera engagement. Y un rumor sin verificar puede convertirse en una herramienta de marketing.
Un rumor sin confirmación recepcionado sin observar las inconsistencias, causa preocupación entre los vecinos. Se trata de reconocer que los detalles importan. Que las preguntas obvias —¿cómo contacto a la familia?, ¿qué hago si la veo?, ¿eso tiene lógica?— son las que evitan que nos engañen.












