Investigadores de la Fundación Instituto Leloir descubrieron que el dengue, el Zika, la fiebre amarilla y más de 20 virus del mismo género comparten una misma estructura de ARN que usan para replicarse. El hallazgo abre la puerta al desarrollo de un antiviral de amplio espectro: un solo medicamento que podría tratar infecciones causadas por todos ellos.
El descubrimiento
El equipo liderado por la viróloga Andrea Gamarnik identificó hace dos décadas el mecanismo por el cual el virus del dengue replica su material genético. Lo que no sabían entonces es que esa misma estructura, una región del ARN que actúa como promotora de la replicación, estaba presente con idéntica función en todos los virus del género Orthoflavivirus: Zika, fiebre amarilla, virus del Nilo occidental y más de 20 agentes causantes de enfermedades graves.
Para demostrarlo, el equipo construyó virus quimeras: tomaron el dengue como base, reemplazaron su región promotora por la de otros virus y comprobaron que el mecanismo funcionaba igual en todos los casos.
«Descubrimos que todos los virus del género Orthoflavivirus peligrosos para los humanos comparten una pieza esencial dentro del mecanismo que utilizan para multiplicarse»,
explicó Santiago Oviedo-Rouco, doctor en química y autor principal del estudio, publicado en la revista PLOS Pathogens.
Un blanco terapéutico inédito
Lo que distingue este enfoque es que el blanco elegido no es una proteína —como suele ocurrir en el desarrollo de antivirales— sino una estructura de ARN, un territorio farmacológico todavía poco explorado. En colaboración con investigadores de Canadá, el equipo analizó más de mil moléculas y encontró dos —denominadas DMI 176 y DMI 177— capaces de unirse a esa región promotora e inhibir la replicación del dengue, el Zika, la fiebre amarilla y un flavivirus transmitido por garrapatas, en células humanas y sin toxicidad.
«Es un punto de partida, una prueba de concepto de que hay moléculas pequeñas que pueden servir como drogas para impedir que el virus se replique»,
subrayó Gamarnik. El siguiente paso es ampliar el tamizaje a 14.000 moléculas, para lo cual el equipo busca financiamiento.
Ciencia de excelencia en contexto de crisis
El hallazgo se produce en un momento de severo desfinanciamiento del sistema científico argentino. Los investigadores del laboratorio perdieron el 40% de su poder adquisitivo y el trabajo funciona íntegramente gracias a subsidios provenientes de Canadá y del Instituto Pasteur de París.
«Estamos en una situación muy, muy compleja. Cada trabajo es un acto de resistencia», señaló Gamarnik. El trabajo contó con la participación del Instituto de Cálculo de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA y el Conicet, además del equipo de investigación de Toronto.
Fuente consultada:eldestapeweb.com












