jueves, octubre 22 2026

¡Feliz aniversario Colegiales!

Hoy el barrio celebra 163 años, aunque su cumpleaños tiene algo de particular: no coincide con un acta de fundación. La fecha que figura en el calendario porteño es simbólica y fue establecida por ley en 2003. Detrás de ella hay una historia de vacaciones escolares, literatura y una segunda fecha menos conocida.

El 21 de septiembre fue elegido porque coincide con el Día del Estudiante y porque el nombre “Colegiales” remite a la antigua Chacarita de los Colegiales, la quinta donde los alumnos del Colegio Nacional de Buenos Aires pasaban temporadas de descanso. Miguel Cané, que ingresó al colegio en 1863, dejó en Juvenilia el recuerdo de aquellos años. Por eso la ley porteña tomó el 21 de septiembre de 1863 como fecha simbólica del nacimiento del barrio.

La fórmula es interesante porque convierte a un recuerdo literario en una fecha urbana. Y también deja una pregunta implícita: ¿qué pasa cuando la historia de un barrio no tiene una fecha única para empezar? Hay otra respuesta. Una investigación de Roberto Banchs, retomada por publicaciones barriales, señala el 16 de octubre de 1888: ese día una ley nacional autorizó al Poder Ejecutivo a vender en lotes los terrenos del Colegio Nacional de la Capital conocidos como Chacarita de los Colegiales. Es un dato menos conocido y bastante más ligado al proceso concreto de urbanización.

Así que hoy se pueden mirar las dos fechas sin necesidad de elegir una. Una habla del nombre, de los estudiantes y de Juvenilia; la otra, de la tierra convertida en lotes y de la ciudad que empezaba a cambiar. Quizás allí esté la curiosidad del aniversario: Colegiales no nació de un solo día. Primero fue un nombre, después un recuerdo, más tarde un plano y finalmente un barrio.

Hay una escena de Juvenilia que todavía permite imaginar, aunque sea de lejos, ese territorio anterior a las calles tal como las conocemos:

Cané recuerda la antigua Chacarita de los Colegiales como un lugar “lleno de aire”, donde los estudiantes corrían y recorrían un espacio todavía abierto. Hoy ese paisaje aparece fragmentado entre veredas, pasajes, árboles y plazas. En unas pocas cuadras, Colegiales cambia de ritmo: las calles tranquilas desembocan en avenidas, aparecen murales en las plazas y sobreviven rincones que obligan a mirar el barrio a otra escala. Quizás por eso caminarlo sea también una forma de leer las distintas capas de su historia.

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