🧠Un equipo de científicos de Bahía Blanca, en colaboración con Oxford, logró ubicar por primera vez el punto exacto donde el cannabidiol se conecta con un receptor clave para la memoria y el aprendizaje. El hallazgo se publicó en PNAS, una de las revistas científicas más prestigiosas del mundo.
Encontrar el lugar preciso donde una molécula se conecta con una proteína no es tarea sencilla, y menos cuando esa proteína interviene en procesos tan complejos como la memoria y el aprendizaje. Eso fue justamente lo que logró un equipo liderado por Juan Facundo Chrestia y Cecilia Bouzat, del Instituto de Investigaciones Bioquímicas de Bahía Blanca (INIBIBB), junto con colaboradores de las universidades de Oxford y Oxford Brookes, en Inglaterra.
El descubrimiento identificó, por primera vez, el sitio exacto donde el cannabidiol (CBD) —un compuesto derivado del cannabis que, a diferencia del THC, no genera efectos psicoactivos— se une al receptor nicotínico alfa-7, una molécula que participa en la comunicación entre neuronas.
El receptor alfa-7 está vinculado a la cognición, la memoria y el aprendizaje. Cuando su funcionamiento disminuye, se lo asocia con enfermedades como el Alzheimer, algunos cuadros de esquizofrenia y ciertos trastornos inflamatorios. Por eso, distintos laboratorios del mundo buscan formas de potenciarlo, aunque hasta ahora no existen fármacos específicos diseñados para actuar sobre él. En 2022, el mismo equipo ya había demostrado que el CBD tenía algún efecto sobre este receptor, pero no se sabía dónde ni cómo se producía esa unión. El nuevo trabajo, publicado en PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences), llena ese vacío: describe un sitio de unión novedoso dentro del receptor, hasta entonces desconocido.
Conocer ese punto de anclaje abre la puerta a diseñar nuevas moléculas —derivadas o no de los cannabinoides— capaces de actuar sobre el mismo lugar. El equipo planea seguir la investigación buscando compuestos que potencien fuertemente ese sitio, con la expectativa de que, en el largo plazo, alguno pueda llegar a instancias clínicas.
Para llegar a esta conclusión, combinaron técnicas de electrofisiología, mutagénesis y modelado computacional, un cruce de herramientas que permitió reconstruir paso a paso la región del receptor más sensible al CBD. El trabajo se realizó con un sistema de células in vitro, aisladas de tejido animal, sin intervención de pacientes ni animales completos: un primer peldaño de un camino de investigación más largo, pero que —según explicó Chrestia— fue justamente la dificultad de identificar ese sitio lo que le dio fuerza al trabajo para publicarse en una revista de ese nivel.
El investigador también señaló un punto que suele quedar afuera del debate público sobre el cannabis medicinal: al ser compuestos lipofílicos e hidrofóbicos, los cannabinoides tienden a asociarse con múltiples estructuras celulares. Eso explica tanto sus efectos beneficiosos —como en la epilepsia refractaria o en algunos cuadros inflamatorios— como la posibilidad de que alteren el funcionamiento de otras proteínas en ciertos pacientes. Saber con precisión dónde y cómo actúa el CBD, remarcó, permite anticipar beneficios y riesgos por igual.
Una tradición de ciencia pública en Bahía Blanca
La ciudad tiene un antecedente de peso en la historia de la ciencia argentina: César Milstein, formado íntegramente en la educación pública, recibió el Premio Nobel de Medicina en 1984 por el descubrimiento de los anticuerpos monoclonales. Chrestia, que también hizo toda su formación —desde la primaria hasta el posdoctorado— en instituciones públicas, remarcó el valor de ese recorrido y sostuvo que la educación pública, la ciencia y la salud pública son pilares del país que deben cuidarse. Para el investigador, una educación pública de calidad habilita el ascenso social, mientras que una educación exclusivamente privada profundiza las distancias entre quienes tienen más y quienes tienen menos.
Fuente consultada: Página 12












